sábado, 6 de febrero de 2016

Hugh Grass - El verdadero renacido

Hugh Glass se ganó la vida explorando el terreno y, sobre todo, como trampero, intentando cazar animales salvajes en las condiciones más inhóspitas.
Fue precisamente durante uno de sus viajes explorando los terrenos del río Misuri, mientras trabajaba para el afamado comerciante de pieles William Henry Ashley, donde nació la leyenda que lo llevó a la fama y a ser recordado a través de los tiempos.
En 1822 fue contratado por el empresario peletero, junto a un nutrido grupo de aventureros, con la misión de remontar el río Misuri, explorar los terrenos y colocar numerosísimas trampas con las que cazar un buen puñado de animales (especialmente osos grizzlies). 
En contra tenían un terreno prácticamente desconocido, animales salvajes que podrían aparecer en cualquier momento y, sobre todo, varias tribus de nativos salvajes entre los que se encontraban los arikaras, conocidos por no ser nada hospitalarios con aquellos con los que se encontraban merodeando por las tierras en donde habitaban.
Pero no fueron precisamente esos indígenas el mayor de sus peligros en aquella aventura (sí una década después), aunque tuvo algún que otro susto en varios ataques, sino que fue una osa grizzly que intentaba defender a sus cachorros quien lo atacó, dejándolo tan destrozado y malherido que sus propios compañeros lo dieron por muerto.Mientras el resto de la expedición continuó con el trabajo, dos de ellos se quedaron junto al cuerpo de Hugh Glass para amortajarlo y darle sepultura, desconociendo que realmente (a pesar de la apariencia) seguía todavía con vida.
La presencia de unos arikaras hizo huir a esos dos hombres, dejando abandonado lo que ellos creían que era un cadáver, por lo que se llevaron consigo todas las pertenencias de Glass.
 A pesar de tener un gran número de fracturas, huesos rotos, partes de su cuerpo desgarrados y a la vista por los feroces golpes que le dio la osa, la increíble fortaleza física de Hugh Glass hizo que éste volviese en sí y tras intentar curarse las heridas emprendió un increíble viaje de regreso a través de unos terrenos totalmente inhóspitos, sin ningún tipo de arma ni herramienta y con el cuerpo hecho trizas.